La verdad es que a todos, comenando por los zurdos anti-imperialistas, nos encantan los metales preciosos y el billete verde del imperio, menos a los economistas keynesianos filomazistas.
La verdad es que a todos, comenando por los zurdos anti-imperialistas, nos encantan los metales preciosos y el billete verde del imperio, menos a los economistas keynesianos filomazistas.