#OpinandoEnElBunker
EL MIEDO DE LOS AUTORITARIOS
Por: A. Germán Gutiérrez Gantier
El autoritarismo es una forma de gobierno que se caracteriza por someter
arbitrariamente al conjunto de la sociedad a la voluntad de una persona o un
conjunto de personas en función de sus intereses y al margen de las reglas de
juego preexistentes.
En nuestro país tradicionalmente se manifestó como una dictadura liderizada por
algún general o coronel que creía le había llegado el turno de ser presidente.
Dicha tradición en el siglo XXI ha sufrido una mutación importante, ya no son
necesarios los militares en la medida que los autoritarios han refinado sus
procedimientos recurriendo al voto ciudadano manipulado y alterado que les
otorga cierto grado de legalidad y legitimidad, para después desenmascarar sus
verdaderas intenciones.
Hasta hace poco su retórica preelectoral estaba preñada de promesas ambiguas
y confrontadoras atribuyendo a los actores políticos del pasado la causa de todos
los males que sufrimos los bolivianos, empero cuatro gestiones de gobierno del
MAS, los entrampa en un pretérito histórico lleno de errores cuyos lideres
Morales. Choquehuanca y Arce Catacora, son más pasado que presente.
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En medio de su laberinto de paradojas sus antiguas ofertas se desmoronan por
ser conservadoras cuando no reaccionarias. La construcción hegemónica sobre
la base de lo plurinacional y lo indígena originario campesino, es apenas un
recuerdo pregubernamental que, en el ejercicio del poder político, solo es
violencia y terror estatal con la diaria vulneración de derechos como única
realidad que pueden mostrar y ofrecer junto a un manejo corrupto de la cosa
pública.
Los crímenes contra los derechos humanos como afirma Hannah Arendt son una
especialidad de los gobiernos totalitarios que “son justificados con el pretexto de
que lo justo equivale a lo bueno o a lo útil…” Hitler decía que “lo justo es lo que
es bueno para el pueblo alemán” el resultado es conocido.
Lo bueno para el autoritario es lo que le beneficia, al igual que lo útil es lo que
sirve a sus propósitos sin tomar en cuenta el interés de la sociedad, de tal manera
que la vida de los ciudadanos es un acto de caridad del autoritario y no un
derecho, porque no hay ley alguna que pueda proteger a las personas por
encima de esa voluntad.
Un gobierno democrático es la antípoda de uno autoritario que en esencia es
violento, alejado de los valores y principios democráticos que son incompatibles
con el abuso y los excesos cometidos por este tipo de regímenes.
En América Latina, ya es una constante que el péndulo no transcurre de
gobiernos de izquierda a gobiernos de derecha sino de democráticos a
autoritarios y dictatoriales, en los que la negación del estado de derecho se
produce desde el momento mismo en que se instalan las urnas autoritarias. La
voluntad del sufragante está afectada dramáticamente con el amedrentamiento,
persecución y encarcelamiento del contendiente político antes y después del
acto electoral.
Los resultados contaminados y espurios dejan de tener validez legal porque
están viciados de nulidad. Ninguna norma o principio jurídico o político prescribe
que la vulneración de la ley es generadora de derechos y que los ciudadanos
tengamos la obligación de acatarlos, por el contrario, la norma constitucional
ordena “nadie esta obligado a hacer lo que la constitución y las leyes no manden,
ni a privarse de los que estas no prohíban.”
Bolivia ha sido puesta de cabeza, todo esta al revés, los autores de violar la
Constitución están en el ejercicio del poder, los jueces y fiscales no someten sus
actos a la majestad de la ley sino al mandato del poder político, los políticos
opositores son juzgados como delincuentes comunes sin ningún argumento, los
asaltantes de las arcas públicas se pavonean de sus fechorías, los gobernantes
son operadores orgullosos de la maquinaria de terror del estado, ignoran los
informes y la opinión de los organismos internacionales que recomiendan
rectificaciones en el manejo estatal y sugieren frenos a las graves violaciones
de los derechos de las personas. Su afrenta a la democracia es impúdica.
Al igual que en las elecciones del 2020 los futuros eventos, se efectuarán sobre
bases ilegales e ilegitimas, la asistencia de los ciudadanos a las urnas en tales
condiciones será nuevamente un engaño. En lugar de producirse una elección
de autoridades estamos ante la inminencia del asalto al poder por quienes
manejan los mecanismos electorales.
Los fraudulentos, siguen el libreto de Banzer o García Mesa, sometiendo a los
otros órganos de poder, impidiendo que funcionen de manera independiente,
que sus designios no sean discutidos ni observados solo cumplidos. Una caterva
de jueces, fiscales, diputados, senadores, policías, militares y servidores
públicos, cumplen el papel de verdugos.
Acto seguido la lambisconería se extiende por todos los niveles estatales, los
denominativos a la autoridad cambian, ya no son presidente, vicepresidente,
ministros, parlamentarios o lo que sea, son, en la rimbombancia melosa, jefecito,
jefazo o cuando la relación administrativa tiene alguito más, es el papucho o la
mamucha, tratamiento afectuoso que es retribuido con beneficios corruptos y
complicidades impunes.
En su paranoia de poder han perdido el sentido del tiempo, suponen que van a
durar de por vida, que no hay un punto final, que todo lo que hagan no tendrá
castigo. Grave error, pues el tiempo ya se les acaba, casi dos décadas
depredando el país es demasiado, el terror que sembraron, empiezan a
cosecharlo en carne propia, se dan cuenta que perderán sus privilegios y que
muy pronto estarán sentados en el banquillo en el que injustamente sentaron a
tantos de sus contendientes honestos. Tiemblen muchachos tiemblen.
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Fuente: Agustín Zambrana en El Bunker
