La Camachada en pleno. El gobernador está de cumpleaños. “Celebro servir y celebro seguir

La Camachada en pleno. El gobernador está de cumpleaños. “Celebro servir y celebro seguir de pie”, escribió hoy Luis Fernando Camacho en sus redes sociales.

En la imagen, junto a sus cuatro hijos, su esposa y su yerno.

Camacho marca un antes y un después en la política boliviana contemporánea.



Camacho fue el partero de un tiempo nuevo, un tiempo que fue tomando forma, que demandó tiempo y que tuvo dos etapas antes de mostrarse como un tiempo nuevo pleno:

PRIMERA ETAPA
Caída de Evo, año 2019. Después de 14 años en el poder. Un tiempo que Evo prometía que iba a durar “500 años”.

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El MAS controlaba todo, la política, la economía, la justicia, los movimientos sociales. Aspiraba a la eternidad. Parecía inamovible.

Nadie parecía capaz de mover a Evo del poder. Ningún líder político tradicional, ningún partido, ninguna institución, nadie.

El país parecía resignado a vivir bajo el
Imperio del masismo y sus condiciones y aspiraciones de eternidad

Hasta que el país comenzó a prestarle atención a un joven Luis Fernando Camacho. Camacho se montó en el hastío, el cansancio y la repulsa de la sociedad hacia el masismo, tomó las riendas del descontento nacional y logró lo impensado: Evo renunció y se escapó del país.

SEGUNDA ETAPA
Jeanine Áñez. Surgimiento de un gobierno provisional, opuesto al masismo pero débil y no suficientemente bien estructurado ni con capacidad de abrir por completo el tiempo nuevo.

Duró un año y dio paso al retorno del masismo, sin Evo en la silla presidencial y con Luis Arce en su lugar.

Fue el gobierno que concluyó el desgaste masista. Evo luchó contra Evo sin darse cuenta. Bloqueo y boicoteó a Luis Arce y provocó la debacle total del masismo. El 80% de los bolivianos pedía el final del masismo: Evo lo había logrado, sin darse cuenta.

Al gobierno de Arce, asediado y bloqueado por Evo, se le dispararon los precios, se le acabó el gas, se le secaron los surtidores, se le disparó el dólar y el descontento trepó hasta el límite de lo insostenible.

Camacho veía todo eso desde su cautiverio, preso en el penal de máxima seguridad, en las alturas y la aridez de Chonchocoro.

“Preso yo, no mis ideas ni mi lucha, que es la lucha de todo un pueblo”, decía desde su encierro.

Camacho apostó desde la cárcel por las alianzas que podían terminar de empujar al MÁS, para que termine de caer y salir del poder.

MOMENTO ACTUAL
En tiempo nuevo parece instalarse en serio. Hay un nuevo gobierno, opuesto al masismo, más fuerte, más estructurado, salido de las urnas, con mayor respaldo parlamentario y con mucho mayor respaldo ciudadano.

Los surtidores ya no están secos, el dólar bajó, el riesgo país disminuyó, las reservas dejaron de extinguirse y empezaron a recuperarse y el país se ilusiona pensando que ahora todo puede ser mejor.

Este tiempo nuevo, que tomó sus años, que tardó en llegar, es el tiempo por el que luchó Luis Fernando Camacho. Es el tiempo que él hizo posible.

Por eso es descabellado que algunos le exijan oponerse al gobierno de Rodrigo Paz.

Imposible. Este es el tiempo por el que Camacho luchó cuando tomó las riendas del descontento, el hastío y la repulsa al masismo.

Este es el tiempo de la reconstrucción del abrazo nacional, de la libertad y de la esperanza.

El hombre que fue clave para el advenimiento de este tiempo nuevo es el que está de cumpleaños.

Luis Fernando Camacho, que luchó hasta el límite de arriesgar su vida cuando tenía 40 años, hoy cumple 47.

Lo abraza la Camachada, que no se acaba en su familia.

Fuente: Pepe Pomacusi Periodista