EL
JUNTE.
Con el auspicio de:
#wjconsorciojuridico
#widenjamesrivero
#kikesport
Llegó el día.
El día del junte.
Una vez al mes, el viejo siente que vuelve a ser niño, cuando vuelve al barrio, a la calle en que nació y creció.
Llega temprano y se estaciona.
Pasa alguien, un vecino nuevo que lo mira como sospechoso.
Pobre iluso.
El viejo sabe que es un advenedizo, ese tipo nunca vio la misma calle, cuando solo era tierra.
El recién llegado no conoció la venta de doña Pura.
¿Que sabe de la gramita de doña Rogelia, donde los pelaus, con él incluido jugaban a los penales?
Mira la calle.
De los viejos de antes ya nadie queda. Los padres de sus amigos han muerto, los suyos también. Ellos fundaron el barrio, en la época del MNR, cuando loteaban todo.
Lo invade la nostalgia.
Y así, de a poco llegan sus amigos de infancia.
Los que quedan.
Juanito, su cumpa con quien jugaba a los soldaditos. Ahora usa bastón.
Los hermanos Suárez, malcriadisimos, doctores pa los lapos y botaus de la escuela por flojos y burros.
Ahora están podridos en plata.
Y empiezan las charlas.
¿Te acordás de tu corteja la muda?
Risas.
Y lo de siempre.
Alguien se acuerda del frejco del barrio, ese que le enseñó a besar a varios, pero todos lo niegan.
Y mencionan a la pelada que salió “perjudicada”, cuyo hijo se parece a uno del grupo.
Por supuesto.
No faltan los cantores de siempre, las mismas canciones que cantaban en la esquina, cuarenta años antes.
Y la charla.
– ¿Te acordás cuando le dimos serenata a Chichita y su abuela nos bañó con sus orines?
– Oyeee, ¿ Que fue de Chichita?
– Vive en Estados Unidos, nunca volvió.
Y así…
Todos hablan, todos cantan, están todos.
El que se hizo rico, el que se quedó pobre, el enfermo, el chistoso, el que se cree cholero, el profesor, el aopau que no habla, el que no pudo ser futbolista, el de las hermanas lindas que no miraban a nadie del barrio.
Y claro.
Los que ya dejaron este mundo son recordados con cariño.
Hablan de recetas, marca de remedios y remedios caseros para el dolor de espalda.
Luego llega la cena.
Ahí aparecen los tragones y los que nunca ponen cuota pero se hacen los opas.
Y luego, las palabras alusivas al junte, agradeciendo a los turneros.
Y no falta.
El que habla alguna huevada arruinando el discurso, y todos dicen en coro:
Suclive, suclive, suclive…
Se hace tarde, hace frio.
Empiezan a despedirse.
Será un adiós breve.
Verán las fotos más tarde, en el grupo de wasap, claro, después de buscar media hora los lentes…
Luego el silencio.
El viejo deja el barrio y vuelve a casa.
Su mujer estará trompeta.
No le importa.
El ESCRIBIDOR.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Fuente: Párraga Jose – El ESCRIBIDOR
