Se postulan a un cargo pensando en asaltar al Estado. Y lo asaltan, desde todos los niveles.
Desde un simple trámite, pasando por una una trabada licencia, hasta llegar a una millonaria licitación.
Sí, la política es una fábrica de millonarios.
¿La diferencia entre unos y otros? A veces solo la intensidad de la angurria.
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Fuente: Pepe Pomacusi Periodista
