Entre el humo, el metal retorcido y los cuerpos, los billetes se desparramaron. Papel…

Entre el humo, el metal retorcido y los cuerpos, los billetes se desparramaron. Papel con cara de prócer, tinta fresca, promesa de poder. Mixtura estatal caída del cielo. Y ahí, como si alguien hubiera dado la orden invisible, apareció el segundo accidente: el humano.

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Fuente: Correo del Sur