Müller, una vez más

 

Alfredo Müller desafía una vez más a la pechoña aldea que habita en el cortex de ciertas personas de este intensamente afanado asentamiento que es Santa Cruz.

Sus lampiñamente límpidas vírgenes chiquitanas son una versión tangible de una otra forma de exaltación de María que ni siquiera el arcángel Gabriel, con toda su locuacidad, alcanzaría describir, por eso Müller apela al pincel. Y ante la vetusta inquisición local, que encuentra obscenidad hasta en la página 69 del santoral, en una aspaventosa escenificación blande su “brocha”para una vez mas reírse a carcajadas del manto, luto y rigor de las almas yermas que quieren hacer de la Casa una versión local de la casa de Bernarda Alba en esta sociesuciaciudad.



Sugerencia: ahora que usted es habitué de la plaza en busca de dólares, supere la frustración dándose una vuelta por la exposición. El moho desaparece cuando la luz entra y las ventanas se abren.

Ars longa….

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Fuente: Leonardo Leigue U.