Vanya Anaya Antelo

Agosto de 1971 también fue difícil para nosotros…

Poco después, papá fue detenido y tuvo que salir al exilio, con todas las incertidumbres emocionales y económicas que supone.

Pero ella no permitió que nos diéramos cuenta.



Igual que cuando se habían divorciado, poco antes.

Ahora pienso que ha debido ser muy difícil quedar sola con dos niños.

Pero era imposible comprenderlo en ese momento.

No tanto porque éramos niños. Sobre todo porque su temperamento nunca hizo concesiones al dramatismo.

Era demasiado fina para llorar.

Al menos en nuestra presencia.

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No perdía el tiempo, ciertamente.

Hablaba inglés y francés a la perfección y con eso bastaba.

Y sobraba.

En 1975 nos llevó a pasear a Buenos Aires.

*

Era imposible no celebrar la sutileza de su análisis y su sentido práctico.

Un día la encontré confundida mientras veía un programa de televisión.

Estaban festejando la respuesta de un analista local a las patrañas reincidentes del centralismo político.

Se trataba de una ocurrencia que en el ambiente había parecido notable: “Yo soy boliviano porque me da la gana”.

Ella se encogió de hombros y dijo: “Yo soy boliviana porque no me da la gana”.

*

Y la verdad es que era boliviana, aunque no le diera la gana.

Mi abuelita, María Luisa Antelo Peredo, decía que su hija había nacido en el avión entre Trinidad, Santa Cruz y Cochabamba. Un 27 de mayo…

Luego vivió entre Santa Cruz y La Paz.

Al final se quedó en Santa Cruz.

Con sus dos niños.

*

Iván y Roberto habían nacido en Madrid, cuando su esposo, Roberto Barbery Flores, cumplía funciones diplomáticas en la Embajada de Bolivia en España.

Luego nació Alejandro, en Santa Cruz, después de que ella pidió permiso a sus hijos, ya adolescentes, para casarse con Elar Paz Antelo.

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Pintó cuadros que aún adornan una sala que ya se fue…

Y le gustaba Schopenhauer. No le importaba que hubiera pensado “la mujer es el ser de los cabellos largos y las ideas cortas” – y cuando alguien decía con pesimismo “la vida es difícil”, ella respondía con una pregunta: “¿comparada con qué?”

En los últimos años se dedicó sin afectación y con naturalidad al piano.

Cuando la enfermedad nos sorprendió tocaba prodigiosamente pero no quería que nadie la escuche.

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Los últimos días se incomodó mucho por la posibilidad de incomodar.

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Alejandro fue hecho a su capricho. Es un pianista becado en París y un médico exitoso en España.

Iván y Roberto fueron menos disciplinados. Pero aún así pudieron beneficiarse de su maravillosa influencia.

(Trece años y doscientos sesenta y cuatro días después)

Fuente: Roberto Barbery Anaya.