(Letra y música)

Cansado de las impertinencias de José María Barbieri, resolví cuestionar frontalmente su condición de escritor…

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(Yo) ¿Para qué escribe, si al mundo no le interesa ni la ortografía?



(José María) Para liberarme de los temas que me obsesionan. Escribir es conquistar la ilusión de dominar un misterio, quitándole peso sobre uno. Es sacarse una incertidumbre de encima. Es quedar más “liviano” que los demás…

(Yo) ¿Es un recurso?

(José María) Un recurso eficaz para “vaciarse”. Para quedarse sin fantasmas…

(Yo) ¿Y qué hace “vacío”?

(José María) Escucho música.

(Yo) ¿Podría ser menos lacónico?

(José María) Bueno, lo explicaré, una vez más, con el encanto sin concesiones de Cioran:
“La persona que no es sensible a la música no me interesa en absoluto. Es cero.”
Luego añade:
“Con quien no siente la música no tengo punto común alguno, es de una gravedad sin nombre y como una maldición de la que el tipo no es consciente.”

(Yo) ¿No es una visión radical?

(José María) Cualquier excelencia que alcancemos, es sólo una modesta compensación por nuestra falta de talla musical.

(Yo) Entonces, ¿los escépticos escuchan música?

(José María) Bueno, Nietzsche plantea que la vida sin música sería un error; Cioran, que sólo conoce una fe: la fe en Bach; Borges, que todas las artes aspiran a lograr la condición de la música (que no necesita explicarse)

(Yo) Insisto: ¿no es una visión radical?

(José María) La música es nuestra última posibilidad en la Torre de Babel.

Fuente: Roberto Barbery Anaya.