EL PACO… Gordo, chato y de mirada torba. Con toda la autoridad del mundo, simplificad…

EL
PACO…

Gordo, chato y de mirada torba.
Con toda la autoridad del mundo, simplificada en ese uniforme verde manga larga, un uniforme feo y caliente que él mismo se paga.
Botas, casco y capucha, una máscara que oculta un rostro cuya mirada refleja los tremendos complejos, traumas y dolores añejos causados por algúna infancia nunca superada.
Y claro..
No puede faltar la arrogancia que el poder les otorga, una arrogancia efímera que dura mientras el uniforme que luce lo tiene puesto.
Solamente hay que ver la actitud que muestra cuando en tropa aparece, manejando la moto que los ciudadanos pagamos, moto que funcionan con la gasolina que con nuestra plata él usa y abusa.
Sí…
La moto, esa misma que agarra a patadas, la moto que a él no le cuesta nada pero que con gusto le prende fuego, en la torpe y cobarde acción e intención de culpar del hecho al ciudadano, al que tiene la desgracia de caer en sus manos, ya sea por algún real o ficticio motivo.
No tiene escrúpulos.
Camina pisando fuerte y hasta en la forma de pararse, en cada movimiento demuestra que enormemente disfruta, siente y ama el poder que el uniforme le brinda.
Un poder falso y efímero, pero poder al fin.
Por supuesto…
Él también sabe que sin ese uniforme es sencillamente nadie.
Y eso le revienta el ánimo, eso lo vuelve más resentido y peligroso.
Violento por naturaleza, entrenado para causar dolor y matar si es necesario o conveniente, él no se hace problema por esos pequeños detalles.
Tiene una profesión muy noble, manchada desde su origen por la putrefacta corrupción que rige los actos de la institución del supuesto orden, una institución cuyo fin y propósito es otro, pero bueno, hasta eso ya fue olvidado.
Volteos y extorsión son sus principios básicos elementales, porque lo otro, es decir, el servicio a la sociedad hace mucho lo olvidó.
Ya ni recuerda, que la base de su existencia institucional es «la defensa de la sociedad y la conservación del orden público, y el cumplimiento de las leyes en todo el territorio boliviano».
No.
Eso es solo una parte bonita del manual, porque él es experto en la mentira, es un maestro, cuando de negar un hecho se trata, es un brillante especialista, en el infame y oscuro propósito de sembrar alguna prueba incrimantoria, cuando le resulta necesario hacerlo.
Él actúa de manera perfecta, en la relación que con la delincuencia sostiene.
Él sabe, sabe quien es, donde está y como opera un determinado clan de delincuentes y solo interviene, entra en acción cuando se incumplen los acuerdos y códigos eventual y previamente establecidos entre ambos.
Y en ese plan…
Si hay que matar, él mata.
Basta recordar el caso Eurocronos, o el caso del Hotel Las Américas, solo por mencionar dos de triste fama.
Y es extraño.
Resulta extraño que alguien llamado a ser parte del bien, se convierta en un elemento útil de hacer el mal.
En las películas él es el bueno, el que inspira seguridad y no miedo.
Pero en nuestro medio es distinto.
Él cuida y protege a los avasalladores y gremialistas abusivos, él gasifica a la gente de a pie que protesta, él está de parte del gobierno de turno y no del ciudadano que paga su sueldo.
Él es quien inspira desconfianza y miedo al verlo:
Sí él.
El Paco.

EL ESCRIBIDOR.



PD/
¿Hay excepciones?
Quizás, personalmente jamás conocí alguna.

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Fuente: Párraga Jose – El ESCRIBIDOR