EL
FLACO
GOLEADOR.
Durante diez años vi de cerca el trabajo de la Escuela de Fútbol El Semillero.
En ese lapso vi crecer a muchos chicos, niños futbolistas que en su momento fueron compañeritos de cancha de mi hijo Jose y claro, vi a los otros, a esos que ya eran adolescentes; chicos como Diego y Dany Bejarano, solo por mencionar algunos.
Buen trabajo de la Escuela de Fútbol El Semillero.
Bueno…
Ahí lo vi muy niño.
En esa época, y con menos de diez añitos conocí a Nelson.
Ahí andaba.
Flaco, largo y con esa mirada de niño bueno que hasta ahora tiene.
Buen chico.
Caminaba en puntillas y hacía goles para todos los gustos, mientras su abuelo, un ex trabajador de YPFB y loco de amor por Oriente sonreía orgulloso.
Siempre recordaré un gol que Nelson le hizo a Tahuichi.
Fue un domingo, categoría sub once y en la cancha de Pinedo por la zona sur, ahí frente a la casa del profe Oscar Pinedo; el profe fanático de José Luis Perales.
Así fue:
Tiro libre para El Semillero, como a treinta metros del arco.
Barrera, mi hijo Jose lo ejecuta, pero antes habla algo con Nelson.
Pitazo del árbitro y Jose levanta la pelota suavemente por encima de la barrera, en un casi sombrerito frontal y perfecto.
Nelson que estaba parado en la línea de la barrera da un par de pasos, recibe el pase y de sobre pique, así de una le pega con el pie derecho bien abierto, y claro, coloca la pelota lejos del arquero, junto al segundo palo.
¡Que golazo!
Una calca del gol que alguna vez Canigia le hizo a los africanos en el mundial 90′.
Tenían como nueve añitos.
¿Cuántos goles hizo Nelson en esa época?
No tengo idea, pero fueron hartisimos.
Y bueno puej…
Con el tiempo nos distanciamos futbolisticamente de Nelson.
El fútbol y la vida marca caminos insospechados muchas veces y las cosas suceden o no suceden por algo.
Y un día de esos, estando con Jose vimos debutar a Nelson en Blooming.
Alto, elegante y pelón.
Y claro, de un nueve se espera mucho y en este país a los juveniles es a quien menos se protege.
¿Cómo se puede explicar que los clubes tengan que incluir por obligación un sub 20, casi siempre de lateral y sólo por un tiempo?
¡Solo en Bolivia!
Nelson debutó en Blooming y los goles tardaban en llegar.
Entonces apareció el crítico experto en fútbol, ese sabelotodo que apenas jugó algún partido en alguna canchita puchi, ese que guarda la foto de su máximo logro, la foto de cuando ganó un torillo en la canchita de los vende jugo e lima, un triunfo que festejó con una borrachera que duró hasta la madrugada.
El despiadado crítico, el experto en fútbol.
Y claro.
Esos expertos le gritaban desde la tribuna y lo despedazaban en las redes.
Y los goles no aparecían.
Y ahí estaba Nelson, entrenando como siempre, con fe y mucha perseverancia.
¡Cambio en Blooming!
Entraba Nelson.
Empezaban los silbidos y los gritos de desacuerdo de los expertos.
¡Vamos Nelson, dale con todo!
-decía yo en mis pensamientos al verlo.
Y los goles no llegaban.
Pero una noche…
El estadio repleto de hinchas celestes pasó del sufrimiento a la euforia.
La noche que Blooming le ganó de manera agónica a Nacional Potosí y salvó el año.
Esa noche…
El partido ya pasaba del minuto noventa y un rato antes Nelson entró a la cancha, ante los infaltables silbidos, reclamos e insultos del público.
Y el partido finalizaba.
Un ataque, una serie de rebotes en el área y de pronto el estallido eufórico.
¡Gooooool!
Gol de Nelson.
Los hinchas se abrazaban, algunos lloraban, todo era fiesta.
El menos querido, el más abucheado les había salvado el pellejo.
Listo.
Historia pasada.
Ahora es otro año.
Un nuevo desafío.
Otra camiseta.
La blanca e inmaculada camiseta de los Leones Blancos del Pajonal.
La camiseta del poderoso Real Santa Cruz.
Otra oportunidad de brillar para Nelson.
Ahora con casi veinticuatro años lo miro y solo se me viene a la mente el chico que andaba en puntillas, el mismo niño de la sonrisa tímida, ya imagino al abuelo entrando con sus pasos lentos al estadio de Real para apoyar a su flaco.
Lo miro y aún lo veo con la camisetita amarilla de El Semillero, pero lo cierto es que todo cambió.
En fin…
Dale con todo flaco, inflá la malla de todo arquero que se te ponga delante.
¡Vos sabés!
¡Vos podés!
Hazlo en homenaje de tus compañeros de niño, esos que por alguna razón no llegaron, hazlo por tu abuelo que te acompaña desde siempre, hazlo por tu nuevo equipo, hazlo para tapar las bocas de todos esos que algún momento te silbaron y sobre todo…
Hazlo por vos, para demostrarte a vos mismo lo bueno que sos.
¡Dale Nelson!
Es tu momento ahora, dale con todo…
El ESCRIBIDOR.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Fuente: Párraga Jose – El ESCRIBIDOR
