YO
CREÍ
QUE…
Ya sé…
Él «yo creí que…», es el padre de todas las burradas.
Pero sinceramente hablando…
– Yo creí que los hijos, serían eternos en nuestras vidas.
También creí que nunca crecerían.
Ciegamente creí, que los vería correr eternamente por la casa.
Estúpidamente creí, que la casa grande construída para ellos siendo niños, sería la casa que los cobije siendo adultos.
Es más…
Creí que ellos me tendrían en sus vidas para siempre, y hasta creí que sus familias serían también las mías.
Creí que una vez casados, y con sus propias vidas ya hechas, aún me tendrían en cuenta en sus dudas, decisiones o aflicciones.
Yo creí que me visitarían seguido, no cuando les sobre tiempo.
Todo eso creía, hasta que recordé algunos pensamientos míos:
– «Iré a ver a mamá el domingo, esta semana no puedo»
– «Pucha, tenía que ir donde Papá, pero no creo que me de el tiempo.»
Eso recordé.
Y me di cuenta que…
No es que los hijos sean malos o ingratos.
Ellos siempre son y serán amorosos, y quien sabe, tal vez hasta lloren por nosotros el último día.
Pero antes…
Sus vidas, trabajos y amores, siempre serán lo primero…
Ya no seremos su prioridad.
Y eso es algo normal.
Es el ciclo natural de la vida…
Por eso.
Ahora entiendo lo que decían los abuelos:
» Los hijos son el más caro y hermoso prestamo que nos da la vida.»
Y claro…
Como todo prestamo, vienen con sus riesgos incluidos; el riesgo de pagar un interés muy alto en lágrimas…
Por que siempre habrá alguna manzana podrida, en un perfecto y cuidado cajón de oro.
Por eso…
Hay que disfrutarlos, cuando sean momentáneamente nuestros, antes que nos los quite la vida.
Hay que sentirlos, cuando nosotros seamos todo para ellos.
Hay que guiarlos, para que sepan hallar su propio camino, y para que siempre hallen la ruta que los traiga de vuelta a casa…
Y es simple:
No hace falta gastar palabras en demasía, con darles buen ejemplo es más que suficiente.
En fin…
Espero que el «creer» no sea tu caso.
Pero si lo es, solo te queda aceptarlo de la manera más amable.
Porque después…
Lo lamento.
No hay un después.
El ESCRIBIDOR.
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Fuente: Párraga Jose – El ESCRIBIDOR
