Hoy Charito me hizo recordar a mi madre. Ella era así. Pasabas por su casa sin aviso previ

Hoy Charito me hizo recordar a mi madre. Ella era así. Pasabas por su casa sin aviso previo y te recibía con los brazos abiertos, la charla interminable, las risas, los recuerdos, los dichos de siempre … te acariciaba el alma.

– “Poné agua a hervir”, le decía a uno.

– “Andá a comprar empanadas de arroz, masaco, cuñapés, traé de todo lo que pillés”, apuraba al otro.



Y ponían la mesa, la charla no paraba ni un segundo, los recuerdos se agolpaban y unos traían a otros, las caras se llenaban de risas y nostalgias. Se vivían momentos de felicidad sin prisa, mirándonos a las ojos, sonriendo desde el alma, viviendo de verdad.

Esta tarde la escuchaba a Charito y la escuchaba a mi madre. Detrás de la mesa llena de todo, estaba ella, charlatana, sin prisa, amigable, encantadora.

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Charito vive en Portachuelo y pasamos por su casa con Claudia de ida a Buena Vista. Paramos a saludar un ratito. Y la charla nos entretuvo, el café nos despertó, los recuerdos nos revivieron y las risas nos invadieron. Vivimos.

Imagínense cómo nos hubiera recibido Charito si hubiéramos ido a buscarla a ella. No, no fuimos por ella, fuimos por su hermano, Yeyo, mi amigo y compañero de toda la vida, que estaba en el campo comprando ganado y no lo encontramos.

Pero Charito nos recibió con su esposo y sus hijos como si nos hubieran estado esperando toda la vida. Así era mamá.

Charito, me hiciste recordarla y extrañarla. Gracias por eso. Y por el café y la charla. Así era mamá. Así la gente era feliz. Y eso era muy lindo. Hoy me acordé de eso. Hoy recordé felicidad.

Fuente: Pepe Pomacusi Periodista